invoces

… o derivas

muero ergo amo

02 octubre, 2016 | invoces

 

muero ergo amo en la levedad desnuda del invierno, con manteles de acero que increpan a un sol mentecato, salpican las piedras contra el núcleo de los ancestros

no quiero un calendario a la defensiva, que grite en silencio lo que cada día se pierde, ni un puño de estalactitas huecas que se rompan cuando el poder les acaricia

es ella la más querida, la siempre amada del rostro verídico, de roja manteca, de ojos sin lengua y con perdigones que hierven,  ademanes que indagan en lo voluble del rostro

las voces estudian los confines de la armadura que, mordida de espuma, recupera la viveza de sus miembros, para así escudriñar la pobreza marcial de las casas vacías

jóvenes figuras anuncian remotos volúmenes de asfalto, remontan la fiesta de los árboles quemados, sonámbulos de morir tantas veces de un amar imposible al agua dura

las ciencias emiten hábitos de hombres y de mujeres oclusas, útiles artículos de olmos extintos, caballerizas que son ceniza o niebla, y emprenden guerras con obvias sinrazones

trastero de sangre, vástago de la piedra ronca, es claridad de algo que se espanta al verse, ondas contornean sombras que juegan al escondite bajo las plumas del aire

tristeza del aire, oquedad que arrastra pálpitos de acémilas y estatuas de roble, no hay un registro de nombres para decirte, ni una compulsa que oxigene tu adúltero futuro

perdieron la firma electrónica, la casaca de oro, el certificado del alba, la noche desandó su pasado, la escritura se bañó en un rocío de estrellas, lo importante nunca es el vacío

aunque necesario, los libros sobre el cansancio están todos agotados, como la poesía, profilaxis de otra dimensión en desmesura, rancio celofán de marcapáginas sin atributo

una pequeña campana repica agudas notas en lo bajo, y debajo están los graves inaudibles, paréntesis y más paréntesis mueren en su mano, y en sus uñas abrasa el tempo congelado

todo lo perdido te cubre con sus puños de poliéster, con sus moléculas valdías, con sus apósitos detalles, y vive desvaneciéndote hasta enmascararte con el odio a lo mezquino

es la hora de todos los mechones, la hora del desencuentro fortuito, aquella que ha de enredarte a un apellido sin sustantivo, y afeitarte la cabeza para el desposorio con la memoria del olvido

es el minuto de la luz que alguien canta en desmesura, trocea el ritmo en un barranco, despeña el canto por las alcantarillas, y en los arrecifes de asfalto entona una balada fúnebre a la belleza oculta

se encontró en el oscuro silencio de las palabras que son suspiros, de las desolladas que son suspiros, de los silbidos que son suspiros, de las erupciones que son suspiros y del sinnombre no pronunciado que late en la garganta

ya llega el viento, ya viene, ya trae la niebla polvorienta, el hedor del humus, los turbios espectros se condensan, la tormenta se aproxima, ya el yeso recibe los brotes de la furia, y una viscosa amalgama de bilis golpea sin concierto el cerro de las calaveras

hay una bella luz en la selva, una bella luz en la selva de tu mente, con la que alzarás un hermoso jardín en las pupilas sedientas de tu amada, sí, con la bella luz de la umbría

en el recodo vituperio de los vientres fue amasado el grano de tu voz, el germen fecundado por el rumor del viento y la humedad del sol se adhirió al grano de tu voz, y desde entonces profieres poliédricos gruñidos que van y vienen por el puente de los sueños

por el puente de las desahuciadas se trama la rebelión, se prepara la lactancia de las flores marchitas, y el limo amargo de todas las desahuciadas ocuparán las oquedades vacías, aunque lo importante nunca es el vacío

es lo que deja tras de sí, ellas lo saben y nos lo insinúan con gestos lentos, pétreos gestos de rubíes que escancian al mostrar sus muslos, o sus labios o sus hombros de argamasa

es lo que dejan en la estela de sus lágrimas, una cadencia de pétalos deshojándose en abril, cuando todo amor es mera farsa, óperas para gargantas absurdas con timbres absurdos y tonalidades absurdas que tiempo ha ya nadie siente

es el amor lo que nos dejan en su paso informe y deshabrido, para sentir no más que la noche nos acuna, y protectora nos recoge en sus mullidas sábanas, en su jergón de calor y hielo, para sentir por fin las ansias vegetales, y que no estamos solos

que en el quedo respirar de la noche nos encontramos juntos con todos nuestros yoes y todos sus pronombres, enamorados como están de los cuerpos que absorben y levantan y empujan y delatan y omiten y relatan y ensueñan y despedazan por que nos quieren sucios

que nos quieren como sólo los átomos se quieren, en órbitas lejanas, infinitesimales limbos, irreversibles trayectorias en círculos transfinitos, como sólo un cerebro de sangre pudiera imaginarlo.

 

(A.J.C.A., septiembre 2015 / marzo-2016)